Ingredientes:
- 2kg de chuletas de cordero
- sal
- Unos chorizos y unas morcillas
- 4 barras pan
- Una barbacoa, leña de encina y un voluntario hábil con el fuego
- 2kg de patatas
Está claro que el secreto de una buena barbacoa es el dominio del fuego en general y de las brasas en particular. La verdad, yo no controlo nada de nada.
Cuando llegamos el sábado (un poquito tarde, sorry), el fuego ya estaba hecho y las brasas casi listas afortunadamente para todos. Si me tienen que esperar para encenderla, habríamos comido tartar de cordero o cordero al aroma de sin plomo 96.
Una vez superado el tema del fuego, la cosa es sencilla. Lo primero es quemar 5 minutos por cada lado las parrillas, así se desinfectan y pierden cualquier posible olor extraño que pudiesen tener de estar guardadas.
Empezamos por las chuletas. Las chuletas son del puesto de Pablo Burgos en el Mercado de Ciudad Real. Según él mismo le contó a Antonio, son de corderos manchegos de entre 20 y 25kg. Estaban estupendas la verdad (y si, a mi me gustan sin palo)
De postre hice un brownie de chocolate, que junto con una botellita de ron, me redimieron de la tardanza.
Para merendar unos chorizos buenísimos que me trajo Clara de su pueblo y unas morcillas.
Y de recena una de las cosas que más me gustan del mundo mundial: patatas asadas en las últimas brasas con un poquito de sal.
Después de merendar, enterramos las patatas en las brasas y allí se quedaron hasta que alguien se acordó de ellas una hora y media después. La piel se requemó un poco, pero por dentro ¡mmmmmm!
Un día espléndido y muy, muy divertido ¡muchas gracias chicos!







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