Nota: a partir de este punto, mejor que las almas sensibles se abstengan de seguir leyendo/mirando, porque la cosa se vuelve un poquito gore.
¿Qué hay que saber del animalito?
En la foto se ven un centollo y dos centollas. Las centollas tienen la concha de la barriga redondeada , las pinzas más pequeñas y las huevas dentro (son lo que las hacen más apreciadas que los machos, aunque también se les supone una carne más jugosa). El centollo tiene la coraza de la panza triangular, no tiene huevas y eso sí, tiene las pinzas más grandes.
De los 3 que le llegaron a mi madre, ella coció 2 que todavía meneaban un poco las patas al meterlos en la olla. Yo me traje uno a casa, que al día siguiente ya no se movía. Aunque se supone que tienen que estar vivos hasta el momento de cocerlos, el mío estuvo bien refrigerado todo el tiempo y la verdad es que yo no noté diferencia con los que hizo mi madre el día anterior.
Ingredientes:
- Centollo/s
- Laurel
- Agua
- Sal
- Delantal
- Tabla
- Martillo
- Tenazas (son como los cascanueces pero con las aberturas más pequeñas)
- Cuchillo
- Guantes (mejor unos de los de jardinería que se usen solo para estos, porque pincha bastante)
Empezamos.
Se pone el bicho panza arriba. Agarrando desde la boca, se tira de la parte redonda/triangular de la coraza y se deshecha.
La boca.
Con el culo de un vaso, o con el mango del cuchillo, se le pega un golpe seco en la boca y se retiran los trozos con cuidado de no verter el líquido del interior.
A Madre le pareció menos violento meterle el cuchillo, lo malo es que así no se termina de romper del todo.
Con una mano se sujeta el centollo desde abajo. Con la otra, se mete el dedo en el agujero que queda y se tira hacia arriba del cuerpo, manteniendolo horizontal para no perder ni una gota de liquillo.
Se apuran los trocitos de carne (blancos) y las huevas (naranjas) que hayan quedado y se hechan al caparazón. Se repasa por dentro con una cuchara y se le quita la telilla que le queda. Se reserva.
Se deshechan las branquias. (Son los triangulos carnosos de color gris del lado de la derecha, en la foto ya les ha quitado las del lado de la izquierda
El resto de la carne suelta que se ve en medio, también se añade al caparazón.
Se parte por la mitad.
Se le arrancan las patas con un movimiento circular. Una vez arrancadas, se le dan tres o cuatro martillazos a cada una para abrirlas (las tenazas se ponen en la mesa para que los comensales terminen de romper las patas si es necesario) y se reservan. Se parten los trozos blancos en trozos más pequeños.
Y con esto y nuestra última botella de Triay ¡qué festín!










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