Según Héctor, el secreto está en las brasas. Pone el bicho troceado en cazuelas de barro con sal, un dedo de agua, un chorreón de vino blanco y 3 o 4 dientes de ajo.
Dos horas tienen la culpa.
El horno solo se abre una vez a media cocción para darle la vuelta a la carne. Esta operación se hace entre dos para tener abierta la puerta del horno el menor tiempo posible y que no se escape el calor.
Por último, a Héctor le gusta darle un golpe de parrilla para que quede crujiente por fuera, aunque esta vez, no fue necesario. El momento parrilla se aprovecha para echarle un poquito de agua a las fuentes para desglasarlas. Sale una salsita brutal.



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