Hemos visto tres bodegas y en las tres nos han contado más o menos lo mismo. Los vinos de Oporto no son vinos al uso, son "vinos marineros" pensados para resistir largas travesías en barco (con mucha humedad y grandes variaciones de temperatura). Para eso cortan la fermentación con orujo o brandy, lo que impide que el azúcar de la uva se transforme en alcohol y le da su característico sabor dulzón y su alta graduación alcohólica.
Los blancos se suelen tomar de aperitivo, con queso para más INRI. A mi personalmente no me entusiasman, pero de todos los que probamos, me quedo con el de Cálem. En Offley, nos recomendaron servirlo a modo de combinado, con hierbabuena un poco machacada, mucho hielo, cáscara de naranja y tónica.
De los tintos, los Twany los envejecen en barrica durante al menos 3 años, son los que más recuerdan al coñac pero en dulzón. Como que tampoco me van mucho, no termino de encontrarles el momento.
Los Ruby son vinos jóvenes que meten en unas barricas enormes donde tienen menos contacto con la madera y con el aire, por lo que se oxidan menos y tienen mejor color. Estos tienen su puntito para beber, y su puntazo para cocinar.
Los Vintage. Estos si que si. El único pequeñísimo inconveniente (además del precio) es que hay que tener cuidado con ellos, porque están dulcecicos, pero sin empalagar y se calienta el hocico y para cuando te quieres dar cuenta ya no te enteras ni del NO-DO.
Los LBV (Late Bottled Vintage), no son los Vintage, peeeero, son una alternativa bastante razonable en lo que a calidad-precio se refiere.
Al final, para mi la sensación (completamente subjetiva) es que en Oporto son un poco chapuzas con esto del vino. No tienen el más mínimo cuidado con las uvas (saben donde están los viñedos, pero no que uvas tienen plantadas ¿?). Ni con el orujo (las tres bodegas reconocieron abiertamente que no producen el orujo, que lo compran a otras bodegas, francesas o españolas). Usan las barricas (de roble y punto) durante más de 40 años y mezclan vinos de distintas cosechas al buen tuntún poniendo en la etiqueta la media de edad de los distintos vinos.
En cualquier caso, es evidente que le tienen cogido el punto. Hay muchos Portos muy ricos, bastantes Portos ricos y algún que otro Porto que por lo menos, está dulcecito.
Oporto es una ciudad bonita, con muchísimo encanto y con una gastronomía sorprendente a poquito cuidado que se tenga de huir de las zonas más enfocadas al guiri. Sin duda es un viaje que merece la pena ¡ojalá podamos volver cuando se nos acaben las provisiones!






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