jueves, 27 de diciembre de 2012

LUBINA A LA SAL

Hoy una probatina.


Aunque me encanta la Nochebuena en casa de mis padres, este año ha tocado en casa de mi suegra y de la cena me he encargado yo.

La lubina de hoy es mi primer ensayo para esta cena. Hago habitualmente pescado a la sal y suele salir muy rico, pero no suelo comprar piezas tan grandes como esta (casi 2 kilos y medio) y estaba un poquito preocupada por lo que pudiese pasar.

Las lubina quedó perfecta, pero a la hora de la verdad (la de hacer la compra para tan señalada ocasión), encontré unas doradas con una pinta estupenda y no me pude resistir. Las lubinas a la sal se convirtieron en doradas al horno.

Ingredientes:
  • 1 lubina de 2kg y medio
  • 2kg de sal gorda
  • 1 limón
  • 2 cucharadas soperas de eneldo
  • Pimienta negra recién molida
Para acompañar:
  • 4 cachelos pequeños
Lo primero es pedirle al pescadero que limpie el pescado para hacerlo a la sal.

Se lavan y se secan bien los cachelos, se envuelven en papel de aluminio y se colocan en una de las bandejas del horno en el carril de más abajo.

Se enciende el horno a 250º calor arriba y abajo.

Se pone la sal en un bol grande. Se le añade el zumo del limón, el eneldo, 10 o 12 vueltas de molinillo de pimienta y medio vaso de agua. Se mezcla hasta que toda la sal está húmeda y las especias están bien distribuidas.

Se le hace una cama de sal de 1cm de espesor al pescado en otra bandeja de horno. (Justo aquí, a mi me gusta volver a lavar el pescado en el chorro de agua fría y secarlo con papel de cocina). Se pone el pescado encima y se cubre con el resto de la sal.

Se mete al horno y se baja a 220º. Las lubinas de ración las suelo tener entre 15 y 17 minutos. Esta estuvo 25 minutos en el horno.


Se saca del horno. Se quita la costra de sal (esta operación puede ser bastante pringosa si no se tiene a mano un cacharro grande donde desechar la sal). Se le quita la piel a la lubina y con mucho cuidado para no romperlos, se sacan los lomos a los platos de presentación. Se sacan los cachelos del horno, se les quita la platilla, se parten por la mitad y se pone uno en cada plato.

Por último, se echa un chorrito del mejor aceite de oliva virgen extra que se tenga a mano por encima del pescado y otro por encima de los cachelos.


Para beber una botellita de San Clodio, el Ribeiro de Jose Luis Cuerda.

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